Reflexión sobre el viajar

A todos nos gusta viajar. Descubrir lugares nuevos, ver culturas diferentes, caminar por sitios emblemáticos o históricos. En mi caso, aunque no he viajado demasiado, esa curiosidad siempre ha estado ahí. Y creo que la mayoría de personas, hayan viajado mucho o poco, siempre sienten la necesidad de viajar un poco más. Ahí nace esta reflexión.

Lo que más me atrae del viajar no es únicamente conocer culturas, sino observar los restos de civilizaciones antiguas. Me interesa entender los patrones que repiten las sociedades, cómo avanzan, cómo caen y cómo vuelven a surgir. A veces incluso me pregunto si es casualidad que sociedad y suciedad se parezcan tanto, o si es simplemente una metáfora accidental de lo que somos. Pero no quiero desviarme.

Hay algo del viaje que para mí tiene todavía más valor: desprenderme de mis cosas. Cuando viajas, lo haces con una pequeña selección de tus pertenencias. Cuanto más ligero viajas —mochila o maleta de cabina— más claro piensas y más disfrutas. Hablo desde la perspectiva de quien tiene lo básico para vivir de forma digna; dentro de ese marco, viajar te libera por un tiempo de todo lo material y te permite sentir una libertad distinta. Una libertad más pura. No la libertad de moverte, sino la libertad de no depender de lo que posees.

Y aquí entra la reflexión que quiero compartir.

Si viajas y disfrutas sanamente del viaje, enhorabuena. Viajar puede ser maravilloso. Pero creo que también es un buen ejercicio preguntarse si, además de disfrutar viajando, serías capaz de ser feliz sentado en una silla, sin hacer nada, sin entretenimiento, sin estímulos. Algo parecido a una práctica de meditación o de autoconocimiento: simplemente estar. En silencio. Contigo mismo. Porque si no puedes estar en paz sin hacer nada, si tu cerebro te atormenta en cuanto paras, quizá no es el viaje lo que deseas, sino escapar de ti mismo. Igual que esas personas que hablan por teléfono y, sin darse cuenta, no paran de caminar en círculos, de aquí para allá, como si quedarse quietos fuera peligroso. ¿Tendrá algo que ver? No lo sé. Es una observación, una reflexión más. En mi caso, estos últimos años he terminado trabajando solo, por decisión propia. Sigo teniendo empresa, pero la llevo como unipersonal. Y puedo decir que he encontrado una parte muy importante de mi felicidad en esa calma: en la libertad de no cargar con empleados, en trabajar a mi ritmo, en escuchar mi mente sin tanto ruido alrededor. Ser autónomo en España es casi heroico —eso lo entendemos especialmente los que estamos dentro—, un camino lleno de trabas, impuestos y obstáculos. Pero no quiero convertir cada reflexión en una crítica al sistema; quien lo vive ya lo sabe. Lo que sí quiero decir es que, al trabajar solo, he encontrado una tranquilidad distinta. He aprendido a calmar la mente. Y, durante estos años, mientras trabajo, he escuchado decenas de audiolibros. En tres años fácilmente más de cincuenta. Muchos de ellos me han ayudado a tomar perspectiva y mirar la vida desde otro ángulo. Uno de los que más recomiendo es Invicto (añadiré aquí la foto y enlace para quien quiera conseguirlo). Otro muy valioso es Menos es más, que habla sobre el minimalismo como estilo de vida, y del minimalismo como camino hacia una especie de nirvana o paz interior. También hay muchos relacionados con mindfulness o filosofía zen. Más adelante recopilaré algunos títulos más y los añadiré en esta entrada, con sus enlaces, por si a alguien le pueden servir.

Porque viajar está bien. Es bonito, es inspirador, es necesario. Pero aprender a estar quieto contigo mismo… eso también es viajar. Y a veces, es el viaje más difícil. Y el más transformador.

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