El otro día, hablando en casa, me entró una duda que parece simple… pero cuanto más la rascas, más te das cuenta de que el calendario que usamos cada día es una mezcla fascinante de religión, política, costumbre y un poco de “vamos a dejarlo así que funciona”.
La pregunta fue directa: si contamos los años “a partir del nacimiento de Jesús”, ¿por qué no empieza el año el 25 de diciembre? Y a partir de ahí, tiramos del hilo.
La idea clave: una cosa es “desde cuándo contamos los años” y otra “cuándo empieza el año”
Nosotros usamos un calendario civil (para organizar meses, impuestos, cosechas, administración, vida diaria) y, en paralelo, celebramos fechas religiosas (Navidad, Epifanía, etc.). Es fácil pensar que ambas cosas deberían encajar como piezas perfectas, pero en realidad son capas históricas superpuestas.
El calendario “del día a día” ya existía con su estructura antes de que se popularizara contar los años “desde Cristo”. Cuando llegó esa forma de contar, no se reinventó todo desde cero: se enchufó el nuevo “contador de años” sobre un sistema que ya estaba en marcha.
Entonces… ¿por qué el 25 de diciembre?
Aquí viene algo que a mucha gente le sorprende: el 25 de diciembre no es una fecha histórica demostrada del nacimiento de Jesús. Es una fecha de conmemoración que se fue consolidando siglos después en el cristianismo.
¿Por qué esa fecha y no otra? Entre otras razones, porque encajaba bien con la lógica simbólica y cultural del mundo romano: finales de diciembre estaban llenos de festividades relacionadas con el solsticio de invierno y el “renacer de la luz”. Con el tiempo, esa celebración terminó cuajando como la Navidad cristiana. No fue “vamos a marcar el día exacto”, sino “vamos a dar un marco a la celebración”.
Y entonces… ¿por qué el año empieza el 1 de enero?
Porque los romanos ya habían decidido que el año civil se organizaba así (y esto es lo importante: “civil”, no “religioso”).
En Roma, enero estaba asociado a Jano (Janus), el dios de las puertas y los comienzos: mirar hacia atrás y hacia delante. Tiene sentido simbólico, sí, pero sobre todo tenía sentido práctico. El Imperio necesitaba orden: cargos públicos, recaudación, campañas militares, administración de provincias… y un inicio de año claro.
Resultado: aunque luego Europa se cristianizara, el engranaje del calendario ya estaba montado. Y moverlo era una pesadilla.
Vale, pero… ¿lo ajustaron por astronomía? ¿Por la órbita de la Tierra?
Aquí está el matiz que me pareció más interesante cuando lo entendí bien:
- La estructura del año (365 días, meses, bisiestos) sí está ligada a la astronomía, porque depende de cuánto tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol.
- Pero la elección de “qué día es el primer día del año” es mucho más cultural y administrativa que astronómica.
Dicho en claro: la astronomía te obliga a ajustar el reloj (bisiestos, reformas), pero no te obliga a empezar el año en una fecha concreta. Eso lo decide la sociedad.
¿Desde cuándo el calendario es “como el nuestro”?
Aquí entramos en Roma y en un personaje clave: Julio César.
Antes de César, el calendario romano era un pequeño caos. Hubo versiones antiguas atribuidas a reyes legendarios como Rómulo (un calendario de 10 meses) y reformas atribuidas a Numa Pompilio (ya con 12 meses). Pero durante siglos, entre ajustes y manipulaciones políticas, el calendario acabó desfasándose.
Hasta que Julio César dijo: “se acabó”.
La gran reforma: el calendario juliano (46 a.C.)
En el año 46 a.C. (de hecho, se le llamó “el año de la confusión” por lo largo que fue), Roma adopta el calendario juliano:
- 12 meses
- 365 días
- Año bisiesto cada cierto ciclo para corregir el desfase
A partir de ahí, la estructura básica de meses y duración del año queda muy parecida a la que usamos hoy. Con pequeñas modificaciones posteriores (incluida una intervención de Augusto y ajustes de detalle), la columna vertebral del calendario moderno nace ahí.
Entonces… ¿cuándo empezamos a decir “año 1”, “año 2026”, etc.?
Esto vino después, y aquí hay otra confusión típica: mucha gente dice “Jesús nació en el año 0”, pero en el sistema tradicional no existe el año 0. Se pasa de 1 a.C. directamente a 1 d.C.
La idea de contar “Anno Domini” (Año del Señor) se atribuye a un monje llamado Dionisio el Exiguo, en el siglo VI. Él propuso un sistema para fechar años tomando como referencia el nacimiento de Cristo… pero:
- No se cambió el calendario; solo se cambió la manera de numerar los años.
- Sus cálculos no fueron perfectos: hoy muchos historiadores creen que el nacimiento real pudo ser algunos años antes (probablemente en torno al 4–6 a.C., según el encaje con reinados y hechos históricos).
O sea: se eligió un “punto cero conceptual” (aunque no exista el año 0 en la numeración) y se empezó a contar. Pero el calendario mensual (enero, febrero, etc.) ya venía heredado.
¿Y el calendario gregoriano? ¿Qué cambió en 1582?
Aquí entra otra capa: aunque el calendario juliano era muy bueno, tenía un pequeño problema acumulativo. El año solar real no es exactamente de 365,25 días, sino un poco menos. Esa diferencia mínima, con los siglos, provoca que las estaciones se vayan corriendo respecto a las fechas.
Y eso, para una sociedad donde ciertas fechas religiosas dependían de la primavera (como la Pascua), era un problema serio.
En 1582, el papa Gregorio XIII impulsó una reforma para corregir el desfase:
- Se ajustó el calendario eliminando días para “volver a colocar” las estaciones donde tocaban.
- Se refinó la regla de los bisiestos (para que el ajuste fuese más preciso).
Importante: no cambió la estructura de 12 meses ni la idea general del año. Fue un ajuste fino, como calibrar un instrumento.
Y aquí estoy yo, mirando el calendario con otros ojos
Me hace gracia porque uno vive pensando que el calendario es “la realidad”, como si fuera una ley natural… y en parte lo es (porque depende del Sol y las estaciones), pero en parte es un acuerdo humano gigantesco, heredado durante milenios.
Navidad cae el 25 de diciembre por tradición y simbolismo. El año empieza el 1 de enero por herencia romana y necesidad administrativa. Los años se cuentan “desde Cristo” porque en algún momento Europa necesitó una referencia común… y la enchufó encima de un sistema que ya funcionaba.
Y al final, esa mezcla de astronomía + historia + política + religión es lo que hace que hoy, en el móvil, aparezca una fecha tan normal… que en realidad tiene más de dos mil años de decisiones acumuladas.
Si tú también te habías preguntado alguna vez “¿por qué no cuadra?”, te entiendo perfectamente. A mí me pasó lo mismo. Y cuanto más lo miro, más interesante me parece.
Hola Toni, excelente síntesis. Sabia alguna cosilla pero ahora entiendo mucho más y mejor del tema gracias a ti. No sabía de tu interés por la escritura mi de tus inquietudes.
Por otro lado, que piensas de los 13 ciclos lunares por los que se regían las cosechas? Ese calendario me parece mucho más lógico, como más adaptativo y coherente con la vida y la naturaleza.
Un abrazo vecino!
Te admiro!
Muchas gracias, David, por tus palabras. La verdad es que hace poco que empecé a poner por escrito estas ideas, y comentarios como el tuyo me confirman que merece la pena seguir.
Ojalá pueda seguir entreteniéndote con mis escritos, o mejor aún: aportarte algo útil, despertarte curiosidad o dejarte alguna reflexión que te acompañe después de leer. Aquí estaré, dándole continuidad. Un fuerte abrazo, vecino.
Y sobre el tema que propones de los 13 ciclos lunares con los que se guiaban las cosechas: no lo conocía, pero me ha parecido realmente interesante. Lo voy a investigar, porque da para reflexionar y para opinar. De hecho, no descarto escribir un artículo sobre cómo podríamos sincronizarnos mejor con nuestros ritmos: el día, el planeta, el sol y nuestros propios ciclos de vida.
Un saludo vecino!.