Mi camino en la impresión 3D desde 2014 hasta hoy

Mi camino en la impresión 3D empezó en 2014, cuando compré mi primera máquina: la Witbox 1 de BQ, una impresora española que en aquel momento costaba alrededor de 2.000 €. Era grande, robusta y muy limitada comparada con lo que existe hoy, pero para mí fue el comienzo de todo. Con ella descubrí lo que significaba transformar una idea en un objeto real, pieza a pieza. En aquella época utilizaba un software gratuito de RS Amidata, que era sorprendentemente bueno hasta que lo pasaron a ser de pago y dejé de usarlo.

La Witbox 1 la exprimí durante años. Incluso durante la pandemia, cuando me uní como voluntario para imprimir soportes de pantallas protectoras para sanitarios. Llegué a fabricar material que terminó en hospitales públicos y clínicas privadas de Mallorca. Esa impresora cumplió más de lo que nadie habría esperado de ella, pero con el paso del tiempo se fue quedando atrás frente a las nuevas generaciones.

La segunda impresora que tuve fue una Anycubic, más moderna, más rápida y más fácil de ajustar. Hoy ya no está conmigo porque la regalé, pero me sirvió para seguir evolucionando. Después de ella llegó un salto grande: las Elegoo Centauri Carbon, de las que tengo dos. Son ideales para trabajar con filamentos reforzados con fibra de carbono, mi material preferido para piezas mecánicas, estructurales y componentes profesionales que tienen que aguantar de verdad.

La más reciente incorporación ha sido la Flashforge AD5X, capaz de imprimir con hasta cuatro materiales de forma simultánea. Esto abre posibilidades nuevas para piezas combinadas, estructuras más avanzadas y prototipos mixtos que antes directamente no podía plantearme.

Hoy mi taller combina impresión 3D, un láser CO₂ de 100 W, un router CNC y diferentes máquinas que forman un entorno completo de diseño y fabricación. Pago unos 360 € al año por el software profesional que uso ahora —y aunque ha dejado de ser gratuito, como lo fue aquel de RS Amidata, la realidad es que lo amortizo sin problema porque me permite trabajar con una precisión y una velocidad que antes no tenía.

De aquella Witbox 1 de 2014 a las máquinas que utilizo hoy hay un abismo tecnológico, pero también una evolución personal. La impresión 3D ha sido una herramienta clave para diseñar mejor, fabricar mejor y trabajar mejor. Y lo más curioso es que, aunque las máquinas cambien, la sensación sigue siendo la misma: la de ver cómo una idea se convierte en algo real, sólido y útil.

2 comentarios en «Mi camino en la impresión 3D desde 2014 hasta hoy»

  1. Fusionas inteligencia y creatividad y nunca dejas de aprender y enseñar!!
    No pierdas nunca esa pasión que pones en todo lo que te propones!!

    Afortunada de poder ser testigo de tus logros.

    Responder
    • Me alegra tu comentario. Afortunado de contar con personas como tu en mi vida. Sabes el porqué de la creación de este blog, el de registrar todas esas cosas que me pasan por la cabeza y de alguna forma o investigo o realizo. Espero no pierdas el interés por lo que hago. 😉

      Responder

Deja un comentario