De solucionar problemas en barcos a crear soluciones digitales escalables

De resolver problemas físicos a crear soluciones digitales

Mi trabajo siempre ha girado alrededor de lo mismo, aunque durante mucho tiempo no lo vi con tanta claridad. En los barcos no instalo “aparatos”. Resuelvo problemas. Problemas muy concretos de personas que viven, trabajan o pasan tiempo a bordo y que necesitan que las cosas funcionen sin fricción, sin sorpresas y sin complicaciones innecesarias.

A veces el problema es eléctrico, otras es de comunicación, otras es simplemente que un sistema está mal pensado o mal integrado. Da igual el formato. El proceso mental siempre es el mismo: escuchar, observar, entender el contexto real y aplicar una solución tecnológica que tenga sentido para esa persona y ese entorno.

Con el tiempo empecé a darme cuenta de que esa forma de trabajar no es tan distinta de lo que ocurre en el mundo digital. La diferencia no está en el tipo de herramienta, sino en el medio. En un caso uso cables, sensores y equipos físicos; en el otro, código, lógica y automatización. Pero la intención es idéntica.

Cuando empecé a interesarme más en serio por la programación y por la creación de soluciones digitales, no lo hice con la idea de “cambiar de sector”. Lo vi como una extensión natural de lo que ya hacía. Una forma distinta de aplicar el mismo razonamiento, pero sin las limitaciones físicas del tiempo y el espacio.

En un barco, una solución ayuda a una persona o a una tripulación concreta. En el mundo digital, esa misma lógica puede transformarse en algo que ayude a muchas personas a la vez. No porque sea más importante, sino porque es más replicable.


Ayudar a una persona cambia un momento; crear una solución replicable puede ayudar a miles sin estar presente.

Ese fue el punto de inflexión: entender que lo que llevo años haciendo a nivel físico puede trasladarse al plano digital sin perder su esencia. Seguir solucionando problemas reales, pero con herramientas que permiten que la solución no dependa siempre de estar presente. A partir de ahí, empezar a explorar ese camino dejó de parecerme algo ajeno y pasó a ser una evolución natural de mi trabajo.

Qué es un SaaS desde mi experiencia

Hoja de ruta: cómo entiendo un SaaS y cómo planteo mi camino para construir uno

Cuando hablo de SaaS (Software as a Service) no lo pienso como “hacer una app”. Para mí un SaaS es empaquetar una solución útil en un sistema que pueda funcionar de forma continua, sin que yo tenga que estar presente cada vez. Es decir: resolver un problema real, pero convertir esa solución en algo repetible, estable y accesible para más personas. Es lo mismo que hago en el mundo físico cuando instalo o ajusto un sistema en un barco… solo que aquí el “sistema” es digital y, una vez creado, se puede replicar infinitamente.

La razón por la que este camino me interesa no es solo económica, aunque la parte económica es evidente: lo digital permite escalar sin que el esfuerzo crezca al mismo ritmo. Lo que realmente me atrae es que puedo seguir ayudando a personas, pero sin estar limitado por mi tiempo, mi ubicación o mi agenda. Y si lo hago bien, puedo generar ingresos recurrentes que me den paz y margen para seguir creando.

Lo que sigue es mi hoja de ruta, explicada como yo la entiendo y como creo que debo recorrerla.

1) Empezar por el problema, no por el producto

El primer paso no es pensar “qué software hago”, sino detectar una fricción concreta y repetida. Una tarea que la gente hace con resignación, que cuesta tiempo, que se olvida, que genera errores o que depende demasiado de una persona. Si no hay dolor, no hay pago. Si no se repite, no hay recurrencia. Aquí mi trabajo diario me da ventaja: estoy rodeado de procesos reales, y sé diferenciar un “capricho” de un problema de verdad.

2) Verificar que el problema merece existir como solución

Antes de construir nada, necesito confirmar tres cosas:

  • que el problema se repite con frecuencia,
  • que afecta a más de una persona (aunque sea en un nicho pequeño),
  • y que alguien pagaría “algo” por quitarse ese peso. No busco grandes promesas: busco una reacción honesta tipo “si esto existiera, lo usaría”.

3) Diseñar la solución mínima que ya aporta valor

Aquí me obligo a simplificar. No intento hacer “la plataforma definitiva”. Intento crear una primera versión que haga una sola cosa muy bien. Una versión que ya ahorre tiempo o evite errores aunque sea básica. La meta es llegar rápido a algo usable, porque el feedback real llega cuando alguien lo usa, no cuando yo lo imagino.

4) Construir el sistema para que sea repetible y mantenible

Esta parte para mí es clave y muy “de oficio”: un SaaS no es una demo bonita, es una instalación fiable. Tiene que ser estable, fácil de mantener, fácil de entender y con el mínimo de puntos débiles. Si yo soy una sola persona, tengo que diseñarlo para que no me consuma. Automatizar soporte básico, evitar personalizaciones infinitas, limitar opciones, y priorizar robustez por encima de complejidad.

5) Cobrar pronto, aunque sea poco

Cobrar no es avaricia, es validación. Si alguien paga, el problema es real. Si no paga nadie, lo más probable es que no duela lo suficiente o que no esté bien enfocado. Empezar con precios sencillos y accesibles me permite aprender sin presión: lo importante es el primer ingreso recurrente, no el gran lanzamiento.

6) Iterar con clientes reales, no con opiniones

Un SaaS se afina con uso real. La hoja de ruta aquí es escuchar, pero con cuidado: no todo lo que piden los clientes es lo que necesitan. Yo busco patrones: peticiones que se repiten, puntos donde la gente se atasca, cosas que generan dudas. Mejorar el producto es eliminar fricción, no añadir funciones.

7) Convertir el producto en un hábito

La estabilidad del SaaS viene cuando el cliente lo integra en su rutina. Si lo usan una vez y se van, no es SaaS, es herramienta puntual. Por eso me interesa que el producto esté ligado a procesos recurrentes: seguimiento, control, documentación, avisos, recordatorios, reportes, organización… cosas que “vuelven” cada semana o cada mes.

8) Escalar sin perder la calma

Aquí está mi filosofía: crecer sin ruido. Mejorar el sistema, automatizar lo repetitivo, mantener el soporte bajo control y elegir un nicho donde mi experiencia valga. Prefiero 50 clientes buenos que 500 clientes caóticos. Prefiero un producto simple que funciona, a uno complejo que me persigue.

9) Construir activos que se multiplican

La parte digital me permite crear una vez y vender muchas. Y no solo el software: también la documentación, los tutoriales, las plantillas, los flujos, los manuales, el contenido. Cada pieza bien hecha reduce soporte y aumenta valor. Esto convierte el proyecto en algo más grande que una app: se convierte en un sistema completo.

10) Mantener el propósito: ayudar y compartir

Al final, para mí el objetivo no es solo “ganar dinero”. Es ganar libertad para seguir creando y aportar valor. Si una solución digital me permite ayudar a más personas, generar ingresos recurrentes y seguir viviendo en paz, entonces el camino tiene sentido. Y si encima puedo compartir lo aprendido con mi entorno, con mis amigos y con mi hijo, todavía más.

Esta es la ruta como yo la veo: simple, realista y alineada con una empresa de una sola persona. Detectar un problema real, construir una solución mínima, cobrar pronto, iterar con usuarios reales, convertirlo en algo estable y escalable, y hacerlo sin perder la calma ni el sentido.



Visitar mi portafolio digital — https://aewebdesign.es/portfolio — es ver un trabajo que está en fase inicial, en construcción y en evolución constante. No es una colección de productos cerrados ni de éxitos consolidados, sino el reflejo de un proceso de aprendizaje real, donde cada proyecto sirve para practicar, probar ideas y entender mejor cómo transformar problemas concretos en soluciones digitales. Estoy empezando este camino de forma consciente, utilizando estos proyectos como base para aprender, mejorar criterio y sentar los cimientos de soluciones que, con el tiempo, puedan crecer y aportar valor a más personas.

Para alojar estos proyectos y experimentar con ellos utilizo Hostinger, porque me permite montar, probar y modificar ideas con rapidez y sin complicaciones. Si estás empezando en este camino y necesitas un hosting sencillo y económico, puedes usar mi enlace de referidos para obtener descuento.

Deja un comentario